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Comemos solos, despacio, en el metro, un bocadillo, una ensalada, en un bar, en casa, un wok. Nuestros hábitos alimentarios dicen mucho sobre quiénes somos. Y nuestros genes , sobre qué podemos comer. En febrero, en Girona se celebró el Fórum Gastronómico, una cita que reúne a gastrónomos, especialistas en nutrición y a amantes del buen comer. Uno de los días estaba dedicado a explorar las relaciones entre gastronomía y salud, y entre los ponentes de lujo con que contaba se hallaban José María Ordovás, especialista en nutrigenómica, y Jesús Contreras, antropólogo. Después de sus conferencias, estuvimos charlando los tres, con calma, sobre la comida. Cada uno desde su perspectiva. Fue un placer y un lujo. Publiqué el resultado de aquella fructífera charla en La Vanguardia.
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Pinhole o fotografía estenopéica, para quienes no hayáis oído hablar del tema, es una técnica que permite captar imágenes con un equipo rudimentario, cámaras que se pueden construir con pocos materiales, tan solo una carcasa, y una lámina con un agujero muy fino, de donde viene su nombre, que quiere decir agujero de aguja.
Fascinante puede ser la palabra que mejor defina el trabajo de Francesco Capponi, un fotógrafo que ha transformado algunos alimentos para crear con ellos cámaras pinhole. Si os digo que las ha construido con la cáscara de un huevo en el primer caso, y con un piñón, en el segundo, seguro que os cuesta creerme, pero nada mejor que echar un vistazo a su página personal en Lomography (al pie de estas líneas) para comprobarlo de primera mano.
Una pequeña porción de película fotográfica se aloja al fondo de ambas cámaras, plasmando la imagen que se proyecta por el mínimo agujero, quedando plasmada en una rudimentaria fotografía, que dadas las características de la cámara en cuestión constituye todo un asombroso milagro.
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Hace dos años realicé un post dónde comparaba tres horchatas de marca blanca. Este post, que iba a ser su segunda parte iba a comparar otras tres marcas blancas de horchata, aunque en los últimos momentos he decidido cambiar al ver que en una superficie vendían la marca y la marca blanca fabricadas por la misma empresa.
Es por esto que he decidido hacer un estudio, está claro que casero y con los medios que todos tenemos a nuestro alcance: olfato, vista y gusto. A una marca, la llamaremos Marca R (la del tapón rojo) y a la otra marca, Marca A (por el tapón azul). Claro, la cosa es que os quiero dejar con el suspense hasta el final del post. Empecemos.
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Y después de hacer la mayonesa japonesa tocaba una primer prueba, que no será la última. He elegido hacer una ensalada de patatas y zanahorias al vapor.
De hecho, así de paso estrenaba un utensilio muy chulo que compré el otro día para hacer alimentos al vapor. Es una cesta que se amplia y encoje, genial cuando tenemos poco tiempo.
Ingredientes para 4 personas
2 patatas grandes, 2 zanahorias, 1 pepino, 1 mazorca de maíz, 1 cebolleta mediana, 200 g de jamón york y 250 g de mayonesa japonesa.
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Como sabéis, la comida asiática me apasiona y en concreto la japonesa, que es mi debilidad. Por ese motivo, el otro día caí rendido ante un libro de cocina nipona: La cocina japonesa de Harumi.
Y claro, la primera pregunta es ¿Quién es Harumi? La escritora culinaria más famosa de Japón, de hecho tiene una revista culinaria, Suteki Recipes, de la que ha vendido casi cinco millones de ejemplares. Su éxito radica en sus recetas tradicionales, renovadas y sencillas.
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Después de comprar algunos libros de cocina japonesa, como bien sabéis, es hora de ponerse a hacer cosas curiosas. Una de las elaboraciones básicas que podemos tener en cuenta para acompañar diferentes platos: pescados, carnes o ensaladas por ejemplo, es la mayonesa japonesa.
La verdad que es muy curioso esto de la mayonesa japonesa porque para nada es rara, aunque pueda parecer lo contrario. Simplemente es una mayonesa condimentada con ingredientes propios de Japón. Por lo que veremos mayonesas con salsa de soja, vinagre de arroz, wasabi, glutamato monosódico, etc.
Ingredientes para 250 ml aprox
200 ml de aceite de girasol, 1 huevo, 1 cucharada de salsa de soja, 1 pizca de glutamato monosódico (opcional) y 2 cucharadas de vinagre de arroz.
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Me gusta mucho mirar hacia atrás y ver cómo imaginábamos que iba a ser el futuro hace unos años, en qué se ha acertado y en que se ha fallado estrepitosamente. Este anuncio de la compañía de telefonía norteamericana AT&T es un buen ejemplo de cómo pensábamos que iba a ser cocinar en el futuro en el año 1990.
En el vídeo se puede ver a un hombre cocinando con la ayuda de un ordenador, que le habla e interactúa con él (hasta aprende palabras), adaptando las recetas a sus comensales y ayudándole a avisar a su mujer de que compre aceite de oliva en el supermercado. Hoy en día los ordenadores aún no son mini personas que nos guían y ayudan, pero en la cocina usamos la tecnología de forma similar, como consulta y para comunicarnos, pero con una interfaz mucho más agradable.
Por otro lado, los verdaderos robots de cocina actuales son mucho más útiles que una voz que te dicta los pasos y adapta los ingredientes, sino que muchos prácticamente cocinan por ti o al menos te liberan de las partes más tediosas de algunas recetas, como hacer una bechamel, por ejemplo.
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Para contrarrestar un poco las recetas ligeras que he preparado estos días atrás, hoy os traigo una pequeña bomba calórica y de sabor, unos huevos carlistas que quitan el hipo.
El inocente empanado exterior esconde un interior compuesto de un huevo frito acompañado de una espesa bechamel, que dota al conjunto de un gran sabor y una textura muy interesante, aunque es un plato que hay que comer con mesura, porque en exceso puede resultar pesado.
Ingredientes para 4 unidades
6 huevos, 1/2 litro de leche, 40 gr. de mantequilla, 40 gr. de harina, pan rallado, 1/2 limón, aceite, sal y pimienta.
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Si os hablo de un restaurante enclavado dentro de una prisión, probablemente la primera reacción sea de incredulidad o de rechazo, al pensar que puede tratarse de un planteamiento frívolo, pero en realidad detrás de el proyecto que hoy os mostramos, hay una organización que se mueve en pos de la reinserción de los presos que allí trabajan.
The Clink es el nombre de este restaurante ubicado en la prisión de Down, en Surrey (Inglaterra), que sirve a clientes del exterior y emplea a los internos, muchos de los cuales se convierten en experimentados chefs. Está planteado como una auténtica oportunidad para el cambio, ofreciendo la oportunidad de aprender un oficio que sirva de punto de partida para una vida nueva una vez superadas las condenas. Read the rest of this entry »
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El cocinero vasco Juan Mari Arzak recibió el 28 de abril en Santiago de Compostela, el Premio Nacional de Gastronomía Lola Torres. En el acto de entrega, Arzak recordó emocionado que el premio le recuerda a su madre, quien salió de un caserío de Euskadi para irse a servir, y ya siempre estuvo en la cocina.
El premio le fue entregado en la Escuela Superior de Hostelería de Galicia, donde mostró su admiración por la cocina tradicional gallega y platos como el caldo gallego, el lacón con grelos, los chocos o las empanadas, aunque laméntó que esta cocina se haya visto eclipsada por la fama del marisco gallego, el mejor del mundo.
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